Marina miró con atención el semblante de Efraín, se percató de que, efectivamente, lo que estaba tocando y viendo no era solo un engaño, era la verdad; en su mirada no mostraba nada más que deseo.
En un acto que ni ella misma se explicó, se puso de puntitas y con ambos brazos atrajo su rostro hacia sus labios.
Efraín, al ver aquella acción, se sorprendió; de todos los escenarios que pudo imaginar como respuesta a su confesión y acción, jamás contempló esto.
No podía negar que, aunque aquel beso