Marina sabía que se le avecinaba una pelea monumental, pero era consciente de que, si quería arreglar la situación de sus hijas, esto era parte de aquel largo camino, por lo que, sin dudarlo más, llamó al abogado que llevó el tema del divorcio. —Licenciado Martínez… —Señora Salas, ¡qué gusto! ¿Cómo se encuentra? —Bien, bueno… No tan bien, necesito de su asesoría. —Claro, si gusta, usted dígame la hora y el lugar. —Bueno, he decidido cambiar de casa, pero tengo dos temas que me gustaría revisar con usted. —Sí, usted páseme la dirección y voy a verla hoy por la tarde. —¿Podríamos vernos lo antes posible? —¿Qué sucede? ¿Tiene algún problema? —Sí, de hecho, sí, y quiero adelantarme a cualquier cosa que mi exmarido quisiera hacerme. —No se preocupe, reviso mi agenda y me libero para ir a verla lo antes posible, solo mándeme su nueva dirección. —Sí, en un momento se la envío. Tras terminar la llamada, la angustia que sentía Marina se fue pasando, pero no por mucho tiempo, pues co
Leer más