Hoy definitivamente no era uno de los mejores días de Lucrecia, pero aun así, tenía que agarrar fuerzas de donde fuera para sacar este tema. Tras pensarlo unos segundos, firmó el documento e inmediatamente llamó a Dante, quien era su único soporte; sabía que si le avisaba a su padre, este, en definitiva, no sería de mucha ayuda.—¡Quédate donde estás, voy para allá! ¿Ok?—Por favor, ven… De verdad, necesito de tu ayuda, hermano… —dijo Lucrecia sabiendo que Dante era capaz de mover cielo, mar y tierra por ella.Tras terminar la llamada, la voz de Evaristo Montemayor no se hizo esperar.—¿Dónde está la cabrona esa?—Padre… Lucrecia me llamó; está en un hospital. Al parecer, Ángel tiene apendicitis y debe ser operado inmediatamente.—¿Qué? ¿Cómo? ¡No! ¡Mi hijo estaba bien hasta hace horas! ¿Cómo puede ser? ¡Esto debe ser un truco de Lucrecia!—Truco o no, voy a ir a verla; ella no sonaba nada bien y, lejos de escudarte con algo como eso, deberías preocuparte por tu mujer e hijo. —Expresó
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