Hoy definitivamente no era uno de los mejores días de Lucrecia, pero aun así, tenía que agarrar fuerzas de donde fuera para sacar este tema. Tras pensarlo unos segundos, firmó el documento e inmediatamente llamó a Dante, quien era su único soporte; sabía que si le avisaba a su padre, este, en definitiva, no sería de mucha ayuda.
—¡Quédate donde estás, voy para allá! ¿Ok?
—Por favor, ven… De verdad, necesito de tu ayuda, hermano… —dijo Lucrecia sabiendo que Dante era capaz de mover cielo, mar y t