Mientras Marina disfrutaba de lo que era un día de spa y Efraín comenzaba a mover los hilos que darían como resultado la caída del grupo Montemayor, Lina junto a Patrik Stuart revisaban algunos de los pendientes que les había encargado Marina.
Lina no podía quejarse; revisaba junto al asesor la lista de cosas que debía adquirir. Ella prácticamente se sentía como niña en dulcería, más porque aquel hombre le había entregado una tarjeta sin límite de crédito y, al hacerlo, le había dicho que podía