Marina y Efraín tuvieron una amena cena en donde platicaron de cosas triviales; en ningún momento tocaron el tema de la casa, del café o de Esteban. En realidad, la cena se la pasaron recordando cosas de niños, aventuras y pláticas con sueños de infancia.
Luego de aquella cena, fueron a caminar un poco por los jardines de aquella hacienda. Marina se percataba de que, al lado de Efraín, las cosas se desarrollaban de un modo más fácil; no necesitaba fingir ser lista o que entendía todo lo que este