Luego de un par de días, el viernes finalmente llegó. Marina preparó una pequeña maleta con cosas que su hija podría necesitar para su fin de semana con papá. En el caso de Diana, se mostraba emocionada pero contenida; si fuese por ella, le pediría a mamá que la acompañase, pero sabía bien que, tal como otros fines de semana, eso no sería posible. —¿Qué sucede, cariño? —preguntó Marina al ver que la emoción de repente cambiaba a algo más. —Nada, mami, es solo que… ¿Por qué no puedes venir con nosotras? —Cariño… —dijo Marina dejando de hacer lo que estaba haciendo y acercándose a ella. —¿Quieres que vaya contigo? Marina, al ver a su hija, en ese momento sabía que haría cualquier cosa por ver feliz a su hija, así que si ella decía que sí, cancelaría todo con Efraín y se uniría a esa visita al parque de diversiones. —¡Sí! Bueno… —Sí, pero sé bien que tú y papá no se sentirán cómodos, ¿verdad? —dijo Diana, recordando que su padre tenía a Lorena y que seguramente esta iría con ellas.
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