Luego de un par de días, el viernes finalmente llegó. Marina preparó una pequeña maleta con cosas que su hija podría necesitar para su fin de semana con papá.
En el caso de Diana, se mostraba emocionada pero contenida; si fuese por ella, le pediría a mamá que la acompañase, pero sabía bien que, tal como otros fines de semana, eso no sería posible.
—¿Qué sucede, cariño? —preguntó Marina al ver que la emoción de repente cambiaba a algo más.
—Nada, mami, es solo que… ¿Por qué no puedes venir con