Luego de que Efraín besara a Marina hasta robarle casi el último aliento, finalmente la suelta y sonríe con cierta malicia al ver el desconcierto de aquella mujer.
—Tenía tantas ganas de probar esa boquita tuya… —dijo aquel hombre con cinismo y descaro.
Marina, apenas recuperando el aliento, apenas puede comprender lo que sucede.
—No… No te esperaba hoy…
—Hmm, andaba cerca y quise pasar a verte; vi que tuviste una visita de Esteban. —dijo Efraín tratando de ocultar su molestia.
—Vino a ver