Era de noche en la Ciudad de México, en uno de tantos apartamentos lujosos de la Condesa; Efraín estacionaba su auto. Minutos después, tocaba el timbre y accedía al apartamento de Soraya Navarrete.
—Pasa, ponte cómodo… Dame unos minutos, envío un archivo que tengo y soy toda tuya. —dijo Soraya al abrir la puerta de su apartamento.
—¿Mucho trabajo?
—Algo, lo normal, ya sabes… Dame unos minutos.
—Bien, ¿puedo servirme algo?
—Adelante, estás en tu casa; además, ¿de cuándo aquí pides permiso pa