Valentino no podía apartar la mirada de ella. Había algo en Marisol que le resultaba inquietantemente familiar, como una sombra del pasado que se negaba a disiparse.“¿Por qué me recuerda tanto a la mujer de esa noche?”, pensó, mientras su expresión se endurecía apenas.El recuerdo lo golpeó con una claridad incómoda, una mezcla de deseo y misterio que nunca había logrado resolver. Aquella mujer… su silueta, su aroma, la forma en que se había entregado y luego desaparecido sin dejar rastro.Frunció el ceño.“Necesito saber si es ella… el tatuaje”.Esa idea lo atravesó con urgencia, casi con desesperación.Sin pedir permiso, sin medir las consecuencias, se acercó a Marisol.Ella retrocedió un paso, tensa, sus ojos encendidos de rabia y desconcierto. Su respiración era irregular, y su cuerpo estaba en alerta, preparado para defenderse.—¡Estás loco, Valentino! —espetó, intentando apartarlo.Pero él no se detuvo.En un movimiento rápido, firme, la tomó y la giró de espaldas. Marisol no lo
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