—¡Basta, Lara! —exclamó Valentino, con un tono que no admitía discusión, sus ojos oscuros fijos en ella—. Me casaré con Marisol. No te metas en mis decisiones.Lara permaneció inmóvil, la respiración entrecortada y las lágrimas rodando por sus mejillas.Sus manos temblaban ligeramente, mientras un nudo de frustración y dolor se formaba en su pecho. Intentó decir algo, suplicarle, pero Valentino no le dio oportunidad alguna.Sin una palabra más, se giró y salió de la habitación, dejando un silencio pesado que apenas era roto por los sollozos de Lara.***Al día siguiente, Marisol despertó con el corazón aún acelerado. La luz suave del amanecer se colaba por las cortinas, y ella respiró hondo, tratando de ordenar sus pensamientos.Apenas se levantó, Anabela apareció en la puerta de su habitación con una sonrisa cálida, contagiosa y llena de entusiasmo, un contraste con la tensión que aún le pesaba en el pecho.—Marisol, cariño, hoy iremos a ver vestidos de novia —dijo Anabela, extendiend
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