Los meses pasaron con una lentitud extraña, como si el tiempo mismo se hubiera vuelto más pesado. La vida de Lilith cambió en cada pequeño detalle: su cuerpo, su respiración, sus noches de insomnio y esa mezcla constante entre miedo y emoción que solo puede entender alguien que está a punto de convertirse en madre.Dominic no se separó de ella en ningún momento. Había aprendido a reconocer sus silencios, sus gestos de dolor, sus momentos de calma frágil. Sin embargo, nada lo había preparado para ese día. Ninguna promesa, ninguna charla médica, ninguna lectura. Solo el instante real, brutal y humano que estaban a punto de vivir.Cuando finalmente llegó el momento del parto, todo ocurrió con una intensidad que parecía desbordar las paredes del hospital. El ambiente era blanco, frío, lleno de luces demasiado brillantes y voces que iban y venían con rapidez.Lilith estaba en la cama, sudorosa, aferrada a la realidad como podía, mientras su respiración se volvía cada vez más profunda y entr
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