Lilith despertó con una calma extraña, como si el mundo, por un breve instante, hubiera decidido no exigirle nada. Abrió los ojos lentamente, y lo primero que encontró fue la sonrisa de Dominic, cálida, contenida, casi como si temiera romper algo frágil entre ellos.—Vamos, desayunemos, cariño —le dijo él con suavidad.Ella le devolvió una pequeña sonrisa, aún adormilada, y asintió sin hacer preguntas. Había algo en el ambiente que no lograba descifrar, una tensión sutil, pero decidió ignorarla. Se levantó de la cama con movimientos tranquilos, tomó algo de ropa y se dirigió al baño.El agua caliente cayó sobre su piel, ayudándola a despejar la mente.Mientras se enjabonaba, pensamientos dispersos cruzaban su cabeza: la tranquilidad de los últimos días, la manera en que su esposo la miraba, la sensación de estar finalmente en un lugar seguro.Sin embargo, en el fondo, algo no terminaba de encajar, como una pieza mal colocada en un rompecabezas perfecto.Cuando salió del baño, ya vestid
Leer más