El silencio se había vuelto una cuerda a punto de romperse, y fue Alisson quien finalmente la cortó. Estaba hirviendo por dentro, pero hizo un esfuerzo sobrehumano para mantener la voz firme. Lo miró directamente a los ojos, esos ojos que ahora le causaban más repulsión que cariño.
—¿Qué horrible, no? —soltó ella de repente, con una sonrisa sin gracia—. Estaba muy ocupada. Y no es como si tú hubieras venido a buscarme todos estos días, Julian. Apenas apareces hoy, de la nada. Yo he estado lidia