34. Lo más importante
Ana suspiró mirando al vacío y pensó en la imagen de Auritz, en sus ojos obscuros, en la suavidad de su voz, en la forma en que la hacía sentir, en la forma en que la hacía cuestionar todo lo que creía saber.—No lo sé.—¿Y el chico de Valencia? ¿Auritz? ¿Lo vas a llamar? —le preguntó su prima con picardía, como si le hubiera leído la mente.Ana se sonrojó, una reacción que no pasó desapercibida para Malena. —No lo sé. Es que…—A ver, Ana. Te voy a dar mi humilde opinión. Y sí, sé que a veces no te gustan mis opiniones, pero esta vez, escúchame —Malena se acomodó en el sofá, preparándose para su discurso. —Ese Félix… era un controlador, un egoísta; y tú, mi querida Ana, eres un alma libre, aunque no lo sepas. Y ahora, con Auritz… —se detuvo, los ojos le brillaron de la emoción. —Parece que hay algo, ¿no?Ana se quedó callada, pensando en las palabras de su prima. Era cierto, Auritz le había despertado algo que nunca había sentido antes. Un respeto, una conexión intelectual, una chispa
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