31. Anillo de compromiso
—Valeria, ya te dije...
—Ya lo sé —lo interrumpió ella. —Pero no me importa. Quiero estar contigo.
Y sin decir más, se inclinó y lo besó.
Auritz, aturdido, intentó apartarla, pero sus fuerzas eran escasas. La necesidad de sentir algo, de olvidar, lo dominó. Cerró los ojos y se dejó llevar, dejando a la obscuridad apoderarse de él.
Sin saber lo que en realidad había ocurrido aquella noche en México…
El salón de la casa de los padres de Ana era un hervidero de emoción y expectación. Las luces, cu