41. Choque
—¿Qué te pasa? ¿Por qué estabas llorando? —su voz era suave, aunque seguía siendo firme.Ana, que sostuvo la mirada de Auritz, se sintió abrumada por la mezcla de emociones: dolor, rabia, pero también un extraño alivio. La había perseguido y se había deshecho de Valeria, eso debía significar algo.Y es que necesitaba explicaciones, necesitaba saber la verdad.—Yo… —comenzó, luchando por controlar las lágrimas —…yo te vi…Auritz asintió, como si esperara esa respuesta. —Sí, ya veo; pero, ¿por qué lloras? ¿Por qué te importa?Ana no esperaba esa pregunta. —Porque yo… yo… ―su voz se entrecortó. Luego, la verdad, como un torrente imparable, se desbordó. —Te… te estaba buscando —confesó con la voz apenas audible. El color se le subió a las mejillas, avergonzada de su propia vulnerabilidad.Auritz parpadeó desconcertado. Su vista se fijó aún más en la de Ana, buscando una explicación, una pista. —¿Me estabas buscando? —repitió sin poder creer lo que oía. Sus ojos se abrieron demasiado a cau
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