[Adriana]El olor a antiséptico y café quemado de la sala de descanso del Hospital Central me golpeó las fosas nasales, pero por primera vez en mi vida, no logró borrarme la sonrisa.Me apoyé contra las frías taquillas de metal, cerrando los ojos por un instante. Mi cuerpo entero era un mapa de dolor sordo y un agotamiento exquisito. Cada vez que me movía, la fricción de mi uniforme clínico contra mi piel me enviaba pequeños y traicioneros choques de placer directo al bajo vientre. Mi mente, rebelde y adicta, me arrastraba una y otra vez a los recuerdos de la madrugada: las sábanas de seda negra, el cristal frío del inmenso ventanal, y las manos de Alan Brooks adorándome como si yo fuera la única religión que conocía.«A partir de hoy, tú y yo somos un frente unido».Sus palabras, pronunciadas en la penumbra de su habitación antes de que el sol despuntara, seguían resonando en mi cabeza como un escudo protector. Habíamos acordado que, después de mi turno, regresaría directamente a su
Leer más