Se quedaron así un rato largo, todavía unidos, respiraciones pesadas sincronizándose poco a poco. Alan no salió de mí de inmediato; en cambio, empezó a moverse suave, casi imperceptible, solo para sentir cómo mis paredes lo apretaban en los últimos espasmos. Besó mi hombro, mi clavícula, subió hasta mi mandíbula... y entonces capturó mi boca de nuevo.Esta vez no fue hambre salvaje. Fue devoción pura. Sus labios rozaron los míos con una lentitud que contrastaba con lo que acababa de pasar: besos profundos, lenguas enredándose sin prisa, como si quisiera memorizar cada textura, cada sabor. Yo respondí igual, enredando mis dedos en su cabello húmedo de sudor, tirando un poco para mantenerlo cerca. Nos besamos como si el mundo se acabara si parábamos: mordiscos suaves en el labio inferior, succiones lentas, gemidos ahogados que se tragaban el uno al otro.—Mírate... —murmuró contra mi boca, separándose apenas para mirarme a los ojos—. Roja, sudada, con los labios hinchados por mí. Joder,
Leer más