[Alan]
Catorce llamadas. Catorce malditas veces había escuchado el tono monótono del buzón de voz de Adriana repicando en mi oído, burlándose de mi desesperación.
Tiré el teléfono sobre el colchón revuelto de mi cama y me pasé ambas manos por el rostro, frotándome los ojos con frustración. La luz pálida de la mañana comenzaba a filtrarse por los inmensos ventanales de mi penthouse, iluminando el desastre que habíamos dejado la noche anterior. Su camiseta blanca seguía tirada cerca de la puerta.