[Adriana]
El pitido constante de los monitores y el olor a antiséptico eran mi rutina, pero hoy sentía que estaba flotando a un metro del suelo clínico.
Llevaba seis horas de mi turno de mañana y apenas sentía el cansancio. Cada vez que parpadeaba, recordaba las manos de Alan sobre mi piel. Recordaba sus labios adorando mis imperfecciones y su voz ronca diciéndome que era un milagro. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal, haciéndome sonreír como una idiota frente al carrito de medicamentos