—No eres como los demás… —gruñó, respirando con dificultad. La criatura respondió con un gruñido bajo, casi burlón, y atacó de nuevo. El duelo se volvió cerrado, técnico y mortal. Aaron logró hundir los colmillos en el hombro del líder, abriendo un corte profundo, pero el Vargor no retrocedió. En cambio, curvó los labios en una sonrisa grotesca, demasiado consciente para lo que debería ser. —Mierda… —susurró Aaron, sintiendo un escalofrío recorrer su espina dorsal de lobo. Desde la ventana de la mansión, Lyra observaba todo en silencio, con los ojos negros fijos en la carnicería. El caos y sangre mientras el fuego que comenzaba a devorar algunas casas. Y, sobre todo, a él. Ronan. El gran lobo negro luchando como un demonio encarnado. Sangrando. Protegiendo a su manada con una ferocidad que rozaba lo divino y lo monstruoso al mismo tiempo. Sus ojos brillaron con una mezcla peligrosa: satisfacción, orgullo… y algo mucho más oscuro. —Más… —susurró la voz dentro de su ment
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