—Nuestro cachorro está creciendo dentro de ti —masculló, la voz ronca, como si pronunciar las palabras en voz alta pudiera hacerlas más reales. El mundo se detuvo. Incluso la cascada pareció lejano, un ruido blanco que se disolvía en el fondo. Solo existían ellos dos, sus respiraciones agitadas y el latido diminuto, frágil y milagroso que Ronan había percibido con su poder alfa. Un tercer corazón, pequeño y vivo, Lyra lo miró fijamente. Sus ojos azules, antes llenos de furia, ahora estaban abiertos en puro shock. Buscaba en el rostro de Ronan cualquier rastro de mentira, manipulación o crueldad. Algo que le permitiera seguir odiándolo sin grietas, pero no encontró nada de eso. Solo vio emoción cruda: un amor tan profundo que dolía, dolor por todo lo perdido, y un miedo visceral, protector, que hacía que sus dedos se curvaran con delicadeza sobre su abdomen. Un hijo. De él. Del hombre que había destruido a su madre, Lyra sintió que un vacío se abría en su pecho, vasto y h
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