—Y bueno, señor Valladares, sí, me tendió esta trampa. Pero no olvide que mi bufete lleva años manejando casos de Valladares Corp. Si está tan empeñado en hundirme, recuerde que usted también sufrirá. Hágame sufrir todo lo que pueda para que su valiosa empresa se desangre.—Esa niña... ¿es tuya? —preguntó Fernando, con una voz que cargaba el peso de una sospecha que le quemaba las entrañas.La idea golpeó a Fernando como agua helada. Siempre había sabido que Lucía tenía una hija con otra persona, pero tener la confirmación frente a él, cruda y real, le provocó una opresión en el pecho y una ira incontrolable. Sus labios se aplanaron en una línea implacable.—Bien, tenés agallas. Recordá esto: treinta millones. Una semana. Ni un centavo menos. Si no podés pagarlos, tengo muchas maneras de hacer que desees no haber nacido. Carlos, si sos lo suficientemente valiente para jugar a este juego, ¡a ver si sos capaz de llegar hasta el final!Fernando tiró su taza de café al suelo, haciendo que
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