—Entonces Dante, un hombre al que apenas conoces, está enamorado de ti —dijo, con ironía. —¿Qué tiene de malo? No lo he aceptado como pareja y tampoco me ha hecho daño —defendí, cruzada de brazos—. No controlo lo que los demás pueden sentir por mí, aunque me parece lindo. Una oleada de satisfacción, cálida y vibrante, me recorrió el pecho al ver la forma en que Seth me reclamaba con la mirada. No era sólo la autoridad lo que brillaba en sus ojos amarillos, era algo mucho más primitivo. Verlo así, con la mandíbula tensa y los puños apretados, me hacía sentir una felicidad extraña y embriagadora. Era como si de verdad le molestara profundamente que otro hombre me mirara con devoción, que otro hubiera sido mi escudo cuando y estuviera enamorado de mí. —Eloise, no deberías salir con él —soltó. —¿Por? Solo somos amigos. —Pero Dante hará lo que sea por conquistarte, ¿o me equivoco? —masculló, con los dientes apretados. —Uh, ¿y eso te molesta? —Alcé una ceja, divertida. Creí, por un
Leer más