—¡Seth! ¿Puedo descansar? Por favor, me duelen mucho las piernas —pedí, con la respiración agitada. Estaba en mi entrenamiento habitual junto a Seth, pero algo en él no encajaba. Su ceño fruncido, la mandíbula apretada y los brazos cruzados hablaban más fuerte que cualquier palabra. Parecía sumamente molesto, aunque no entendía la razón. Me hacía sentir que había fallado en algo sin darme cuenta. ¿Era por mí, por el entrenamiento, o por algo que lo atormentaba más allá de este momento? —¿No quieres ser más fuerte y derrotar a Magnus? Sigue corriendo —proclamó, sin una pizca de piedad—. Descansar no es una opción. Era la primera vez que me exigía correr sin parar. Al principio, Seth me daba pausas, minutos para recuperar el aliento, pero ahora no me concedía nada. Cada paso se volvía más pesado, mi cuerpo clamaba por descanso, y aun así seguí adelante. El sudor hablaba por mí, los músculos me temblaban, y la desesperación me decía que no podía más. Pero lo hice, porque no quería
Leer más