—¿No quieres hacerme compañía? No me molestaré —insistió, con una sonrisa tan pícara que me consumió. «¿Que si quiero…? ¡Por supuesto que quiero! ¡Pero los nervios me traicionan!» Maldición. Ese hombre me estaba volviendo loca con sus insinuaciones. —¡N-no digas esas cosas! —le reproché. Lo único que hacía era ilusionarme como una tonta. Me di la vuelta y regresé al campamento con el corazón latiendo a mil y un cosquilleo ardiente en las mejillas. Cada paso que daba parecía más torpe que el anterior, como si mi cuerpo no supiera cómo reaccionar después de lo que había visto. Estaba enamorada de Seth. No había duda. Quería besarlo, quería abrazarlo, quería… ¡oh, por la diosa! ¿Quería tocarlo? El recuerdo de su silueta en el lago me perseguía, el agua resbalando por su piel marcada, ocultando lo que no debía ver. Lo bueno, o lo malo, según cómo lo pensara, era que el agua había cubierto su parte más íntima, y eso me había salvado de una vergüenza mayor. Aun así, me sentía mal,
Leer más