La explosión de energía que emanaba de Morgana no era humana, salía como un rugido del vacío mismo. Una ráfaga de humo morado, denso y frío como la muerte, barrió ese lado del bosque, obligándome a clavar mis pies en la tierra y cubrirme el rostro con los brazos. El viento soplaba con tal fuerza que sentía cómo la realidad misma se agrietaba. Cuando el humo se disipó ligeramente, vi el cambio en sus ojos, ya no eran violetas, sino de un rojo intenso, del color de la sangre recién derramada.—¡Te voy a matar y reclamaré el poder de Selene para mí! —su voz vibró con una distorsión demoníaca—. ¡Es cuestión de tiempo, Eloise! ¡No tienes ninguna oportunidad contra la verdadera dueña de la noche!Tragué saliva, sintiendo el peso de su amenaza, pero antes de que pudiera dar un paso, una sombra veloz cruzó mi visión. Stefan se interpuso entre nosotras con su típica elegancia de vampiro. El príncipe no esperó y lanzó una ráfaga de ataques, de patadas exactamente, sumado a golpes que Morgan
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