Habíamos llegado al pueblo hace dos días y la mayoría estábamos en la enfermería. Yo me sentía bastante bien, mis heridas físicas eran mínimas en comparación con el caos que habíamos enfrentado, pero Maribel, con su terquedad habitual, insistió en que me quedara descansando y en revisión.
—Has mejorado bastante en estos dos días, Eloise —comentó Maribel mientras pasaba una gasa tibia por un rasguño en mi brazo.
—Solo tenía unos cuantos rasguños, Maribel, no es para tanto —respondí, intentand