Aria Blackwood…La mañana de mi decimonoveno cumpleaños no empezó con flores ni música. Empezó con barro. Barro sucio, maloliente, pegajoso. Qué ascooooo.Gemí mientras arrastraba otro cubo de agua desde el pozo detrás del campo de entrenamiento. Mis brazos ardían por el peso del cubo.Mis hombros gritaban en protesta, pero apreté los dientes y seguí adelante. Cuando por fin lo vacié en el abrevadero de madera, el agua helada salpicó hacia arriba, empapando mis botas."¡Mierdaaaaa!" medio grité.Odio mi vida.No era un trabajo glamoroso, pero alguien tenía que hacerlo. Y casi siempre, esa alguien era yo.Se suponía que ya debía estar entrenando, pero aquí estaba, cubierta de barro, el día de mi cumpleaños.A mi alrededor, los guerreros de la manada entrenaban duro. Sus gruñidos y risas llenaban el aire. Las espadas de madera chocaban entre sí, y el campo olía a sudor.Algunos guerreros miraron en mi dirección, con sonrisas burlonas en los labios."¿La hija del Beta, eh?" susurró uno,
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