Aria Blackwood...
El mundo volvió a mí lentamente, pieza por pieza. Primero el olor—hierbas secas, raíces trituradas, el leve aroma de cataplasmas ardiendo en una olla cercana.
Luego el sonido—voces murmurando, bajas y ansiosas. Y después el dolor—agudo y palpitante, desgarrando mi costado hasta hacerme estremecer.
"Aria? Cariño, ¿puedes oírme?"
La voz de mi madre atravesó la neblina. Cálida, temblorosa, desesperada.
Parpadeé, y la tenue luz de los faroles llenó mi visión. Mi madre estaba incl