Máximo había elegido la Villa Tormenta por su ubicación estratégica: a pocos kilómetros de Alicante, con vistas al mar y suficientes terrenos alrededor para mantener la discreción que necesitaba. La casa era imponente, de estilo mediterráneo con columnas de mármol, jardines cuidadosos y una piscina infinita que se fundía con el horizonte azul. Al entrar por la puerta principal, se detuvo a admirar los salones amplios y decorados con lujo sobrio. "Perfecto", pensó, dejando su maleta de cuero en el suelo. "Aquí planificaré cada movimiento, cada paso para recuperar lo que me pertenece." Contrató a un equipo de hombres de confianza, locales y extranjeros, para vigilar los accesos a la villa y mantener informada a su red de contactos en toda España. Esa tarde, mientras revisaba los planos de la zona en la mesa del despacho principal, su teléfono vibró. La llamada era de uno de sus hombres, oculto en un coche cerca del hotel donde se alojaba Salvatore: —Patrón, Salvatore se ha marchado.
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