Cuando Mariana cruzó el umbral de la casa Bianchi, no solo fue recibida por sus hijas, sino también por Margarita, una mujer de mediana edad con manos trabajadoras y una sonrisa cálida que parecía iluminar todo el salón.
—¡Doña Mariana! Bienvenida a casa —dijo Margarita, acercándose con los brazos abiertos—. He escuchado tantas cosas buenas de usted por parte de las niñas. He preparado el plato típico que me dijeron que le gusta: pabellón criollo, como en Venezuela.El encuentro en la casa Bian