Dos meses después, el aire de París vibraba con la emoción de la Semana de la Moda. En el Grand Palais Éphémère, los preparativos para el desfile más esperado del año alcanzaban su punto álgido: “Moretti – El Futuro del Pasado”, una colección que prometía unir la tradición centenaria de la familia con la innovación de la nueva generación. Las pancartas con el emblema Moretti –un roble entrelazado con un carrete de hilo– adornaban cada rincón del recinto, y los invitados llegaban en oleadas: críticos de moda de todo el mundo, empresarios, artistas y miembros de otros clanes que habían venido a presenciar el renacimiento de una leyenda.En el backstage, el bullicio organizado de estilistas, maquilladores y ayudantes se detuvo cada vez que Valentina pasaba por entre ellos. La diseñadora movía sus manos con la misma destreza que usaba para coser, ajustando los últimos detalles del vestido protagonista que llevaría Romina. El diseño, creado en seda de color crema con encaje bordado a mano,
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