DOS AÑOS DESPUÉSLa Semana de la Moda de Milán vibraba con energía frenética, pero el desfile de la colección “Moretti – LEGADO” era el evento que todos esperaban. En la pasarela, las creaciones de Valentina desfilaban con una elegancia que hablaba de fuerza y tradición –cada prenda llevaba la huella de su carácter frío y decidido, pero también el toque de sofisticación que había convertido a la marca en un referente mundial. Al final del desfile, Julliano apareció junto a su hermana en el pasillo, sonriendo ante la ovación de la audiencia. Eran los rostros perfectos del éxito: él, el empresario carismático que había vuelto a hacer del Inferno el club más exclusivo de Europa; ella, la diseñadora aclamada cuyas creaciones vestían a estrellas y magnates por igual.Detrás de las cámaras, la atmósfera cambiaba por completo. En el despacho de la hacienda Moretti, Julliano revisaba los informes que Leonardo le entregaba con una mirada seria. Nuevos grupos intentaban abrirse camino en el mer
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