El viento comenzó a arreciar.Ana caminaba con paso firme, aunque las piernas ya le dolían y los zapatos, no hechos para caminar largas distancias, le lastimaban los pies. La carretera se extendía interminable a ambos lados, flanqueada por árboles que comenzaban a mecerse con violencia.Una gota cayó en su frente.Luego otra.Luego muchas más.La lluvia llegó de repente, sin aviso, como si el cielo hubiera decidido castigarla por su orgullo. En segundos, su ropa estaba empapada. El vestido se pegó a su cuerpo, el cabello se convirtió en un lienzo de agua, y el frío caló hasta los huesos.Pero ella no se detuvo.Siguió caminando, abrazándose a sí misma, sintiendo cómo el maquillaje se corría por su rostro mezclado con lágrimas que ya no sabía si eran de tristeza o de lluvia.Los autos pasaban a toda velocidad, levantando agua a su paso, ignorándola.Hasta que uno no lo hizo.Un auto negro, deportivo, elegante, redujo la velocidad a su lado. El motor ronroneaba suave, como un gato satis
Ler mais