El sol comenzaba a esconderse tras las montañas, tiñendo el jardín de tonos anaranjados y dorados. Algunos invitados ya se habían ido, solo quedaba la familia y amigos más cercanos. Los mellizos estaban sentados en una manta especial, rodeados de cajas de todos los tamaños y colores. Elena ya había roto el papel de la primera, revelando un osito de peluche gigante. Lo abrazó con fuerza, como si fuera su nuevo mejor amigo. Nicolás, más metódico, observó su regalo antes de abrirlo: un juego de bloques de madera, perfecto para construir castillos y torres.—Mira, mira lo que te trajo la abuela —dijo la señora Valenzuela, dándole una caja enorme a Elena.Dentro, un carrito de muñecas. Elena chilló de alegría.—Y para ti, Nicolás —dijo Isabel, acercándose con una caja más pequeña.Dentro, un libro de cuentos con ilustraciones de animales. Nicolás lo miró largamente, luego levantó la vista hacia su abuela y esbozó una pequeña sonrisa.—Le gustó —dijo Isabel, con los ojos brillantes.—Claro
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