Los meses habían pasado volando, como si el tiempo se hubiera puesto de acuerdo con la felicidad para acelerarse.
Los mellizos estaban a punto de cumplir un año. Un año de risas que llenaban la villa de música. Un año de llantos que despertaban a todos en mitad de la noche. Un año de primeros gateos, de primeras palabras, de primeras travesuras. Elena ya decía "mamá", "papá" y "tío" con una claridad que asombraba a todos. Nicolás, más reservado, observaba a su hermana con sus ojos grises, como