El despertador sonó más temprano de lo que me habría gustado, pero no lo apagué de inmediato. Me quedé mirando el techo unos segundos, con esa sensación extraña de no reconocer del todo el lugar en el que estaba, hasta que recordé.Me levanté despacio, como si cualquier movimiento brusco pudiera hacer que todo esto se sintiera aún más real de lo que ya era, y me preparé en silencio, sin música, sin distracciones, solo el sonido de mis propios pasos llenando el espacio. No era tristeza lo que sentía exactamente… era algo más constante, más pesado, algo que no desaparecía ni siquiera cuando intentaba no pensar.Salí.El aire de la mañana era distinto, más fresco, más ajeno, y mientras caminaba hacia el trabajo traté de concentrarme en lo inmediato, en lo simple, en lo que podía controlar. El edificio no era grande, ni elegante, pero tenía ese orden tranquilo que me hizo pensar que, al menos ahí, nada iba a salirse de control.Respiré hondo antes de entrar.—Buenos días —dijo una mujer a
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