La miré durante unos segundos que se sintieron más largos de lo normal, sosteniendo su mirada sin apartarme, sintiendo cómo todo lo que había construido durante años se colocaba de un lado… y Clara del otro. No era una decisión impulsiva, no era un momento de rabia, era algo mucho más claro, mucho más definitivo, y por primera vez no sentí dudas.
—No voy a elegir lo que tú quieres —dije al fin, con una calma que contrastaba con todo lo que estaba pasando dentro de mí—. Ya elegí.
Mi abuela no