Mi respiración comenzó a volverse más lenta, más pesada, como si cada inhalación costara el doble que la anterior, y sin darme cuenta tensé ligeramente los dedos. Fue entonces cuando sentí la mano de mi padre a mi lado, firme, contenida, pero lo suficientemente rígida para dejar claro que él también estaba sintiendo el peso de ese momento. —Procederé a leer los resultados —dijo con calma. El papel se deslizó fuera del sobre con un movimiento lento y preciso, y el leve roce del material al separarse sonó pequeño, casi insignificante, pero en ese instante pareció llenar toda la habitación. Fue un sonido breve, pero suficiente para hacer que mi cuerpo se tensara aún más, como si algo dentro de mí entendiera que después de eso ya no habría forma de retroceder. Levantó la vista una sola vez antes de hablar, recorriendo la sala con esa mirada firme que no necesitaba elevar la voz para imponerse, asegurándose de que todos estaban atentos, de que nadie iba a interrumpir lo que estaba a pun
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