(Sandra)
La ciudad se extendía bajo mis pies como un océano de luces y edificios de cristal que reflejaban el sol de la mañana. Desde las ventanas enormes de mi penthouse se veía prácticamente todo el distrito financiero, una vista que normalmente me hacía sentir invencible, como si estuviera exactamente en el lugar donde siempre había querido estar: en lo alto, mirando al resto del mundo desde arriba.
Pero esa mañana la vista no me decía nada.
Estaba sentada en el sofá blanco de la sala con el