(Clara)El estrés no desaparecía, solo cambiaba de forma y se instalaba en todo, en las llamadas que no dejaban de llegar, en los papeles que se acumulaban, en las decisiones que Adrián tenía que tomar sin margen de error, y aun así, esa mañana salimos juntos como si el mundo pudiera esperar unas horas, porque había cosas que no se podían posponer, no cuando se trataba de esto.—La cita es a las diez —murmuré, mirando el reloj mientras caminábamos hacia la clínica.Adrián asintió sin soltar mi mano, y aunque no dijo nada de inmediato, su pulgar se movía suavemente sobre mi piel, como si ese gesto fuera lo único que lo mantenía en calma en medio de todo lo demás, y por un momento me permití concentrarme en eso, en la forma en que me sostenía, en cómo, incluso en medio del caos, no me soltaba.—¿Qué vas a hacer ahora? —pregunté finalmente, sin rodeos, porque esa pregunta llevaba días dando vueltas en mi cabeza.Él tardó un poco en responder, no porque no supiera qué decir, sino porque e
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