(Clara)
El estrés no desaparecía, solo cambiaba de forma y se instalaba en todo, en las llamadas que no dejaban de llegar, en los papeles que se acumulaban, en las decisiones que Adrián tenía que tomar sin margen de error, y aun así, esa mañana salimos juntos como si el mundo pudiera esperar unas horas, porque había cosas que no se podían posponer, no cuando se trataba de esto.
—La cita es a las diez —murmuré, mirando el reloj mientras caminábamos hacia la clínica.
Adrián asintió sin soltar mi