(Clara)
El correo llegó a primera hora, con asunto urgente y copia a medio edificio, como si necesitara testigos para lo que iba a decir. No hizo falta abrirlo para entender que algo se había roto; bastó ver el remitente, el cliente más grande del proyecto, el que sostenía la mitad de las proyecciones, el que no debía fallar.
Lo abrí de todos modos y ahí estaba, claro y directo: cancelación inmediata por incumplimiento de plazos, con la cláusula de penalidad activada sin margen de negociación