En América, Marcus hablaba con sus pequeños por segunda vez en el día. Mostraban dibujos y le contaban que habían comido y que tío Fabiano se había desaparecido.—Yo creo que tío Fabi está con la vecina —dijo Marcel.—Yo creo lo mismo, hijo —sonrió Marcus.—Niñooos, dejen a papi, que debe ir a una reunión.—Aaawww, está bien. Papi, ¿nos llamas en la noche para decirnos buenas noches?—Claro, princesita. Pórtense bien con mami.—Sí, papi.Katrina tomó el tablet y le sonrió a Marcus.—Hola, mi amor, ¿cómo va todo por allá?—Bien, el amante de Ángela ya no tiene poder, no tiene cómo defenderse, así que creo que pronto estaré allá.—Qué bueno, amor, me gusta la idea. No pensé que te extrañaría tanto.—Te extraño, Trina, cada momento, cada segundo. Solo quiero tenerte en mis brazos.—Yo también, por favor llega pronto.—Lo haré, mi amor. Te amo.—Te amo más.La llamada se cortó y Marcus suspiró, tallándose la cara, intentando calmar la ansiedad que lo consumía por dentro. Gustavo entró con
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