En América, en un galpón abandonado a las afueras de la ciudad, Marcus comenzó a despertar lentamente.
El dolor llegó antes que la conciencia. Agudo, intenso, brutal.
Una de sus costillas latía como si estuviera rota, cada respiración era una puñalada que le atravesaba el pecho. Sentía la sangre seca pegada a su frente, y un hilo tibio seguía bajando por su sien.
Abrió los ojos con dificultad.
Todo estaba borroso.
Oscuro.
Y entonces… lo recordó todo.
El golpe, el auto, las manos arrastrándolo.