Después de una hora interminable, William salió finalmente de la estación de policía.La calle estaba prácticamente vacía.Las luces de los postes iluminaban apenas la vereda húmeda y algunas patrullas permanecían estacionadas a la distancia. Eran cerca de las tres de la madrugada y el silencio de la ciudad a esa hora resultaba inquietante.Sus pasos fueron lentos, cautelosos, miraba constantemente a ambos lados, esperaba ver aparecer a Fabiano, a Marco o a Gisella en cualquier momento, pero no había nadie.Solo el viento frío recorriendo la calle, su automóvil seguía donde lo había dejado, exactamente igual.William tragó saliva, aquello no le gustaba, nada de aquello le gustaba, caminó hacia el vehículo sin bajar la guardia, observando cada rincón, cada sombra y cada callejón.Cuando finalmente llegó al auto abrió la puerta rápidamente y subió, cerró con seguro, miró nuevamente por los espejos, nada, nadie cerca, su corazón se calmó por un momento, pero sabía que tenía que salir de
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