Hace tres horas
Gisella y Marco recorrían las calles de París sobre sus motocicletas, sorteando vehículos entre el tráfico nocturno, mientras detrás de ellos Fabiano hacía rugir el motor de su Bugatti. Ninguno hablaba. Ninguno tenía ganas de hacerlo. La imagen de Katrina tendida en el suelo seguía demasiado fresca en la mente de Gisella, y el dolor de saberla herida estaba quemando el alma de Fabiano.
Marco seguía la dirección que habían conseguido rastrear hasta que finalmente levantó una mano